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Microbicidas Rectales
El coito anal lo practican tanto heterosexuales como homosexuales por placer y como una forma de tener sexo sin riesgo de embarazo. Más de una quinta parte de las mujeres heterosexuales han consumado el coito anal y un 6,7% de parejas heterosexuales lo practican al menos una vez al mes. En los EEUU y el RU, entre 10% y 35% de las mujeres heterosexuales reportan la práctica de IA receptiva; y reportes de IA a lo largo de la vida con parejas del sexo opuesto llegan hasta un 40% para los hombres en los EEUU. Una estimación conservadora es que siete veces más mujeres que hombres gay en los EEUU practican la IA receptiva. La IA sin protección entre hombres y mujeres se ha vinculado a la infección por VIH en muchas partes del mundo.
Durante el coito sin protección la pareja sexual receptiva (ya sea el hombre o la mujer) se expone a un mayor riesgo de contagio del VIH que la pareja insertiva. Pero ambas corren el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluyendo sífilis y gonorrea. Los condones constituyen una barrera efectiva contra la infección, pero millones de parejas receptivas muchas veces no pueden o no insisten en utilizar el condón.
El microbicida rectal podría ofrecer mayor protección tanto si se prescinde del condón como si no. Como tales, son indispensables si queremos abordar todo el espectro de prácticas sexuales predominantes y afrontar la necesidad humana básica de disponer de herramientas de prevención de infecciones y enfermedades que sean accesibles y que el usuario pueda controlar.
¿En qué se diferencia el microbicida vaginal del rectal?
Aunque se están invetigando cerca de mas de 30 microbicidas de uso vaginal, no está claro todavía cuáles serán los más indicados para uso rectal. Formular un microbicida para uso rectal representa un reto mucho mayor que hacerlo para uso vaginal, simplemente debido a que el recto constituye un entorno muy diferente. Primeramente, el recto es una cavidad abierta en un extremo. La vagina es una pequeña bolsa cerrada. Se puede cubrir el interior de la vagina con aproximadamente 3 a 5 ml de un producto. Puesto que la cavidad rectal no está cerrada, podría requerir una cantidad significativamente mayor de producto para proteger las paredes del recto en donde se necesita la protección. Una de las preguntas claves que las y los científicos están tratando de responder ahora es exactamente cuánto producto se requeriría y cuáles áreas tendrían que ser cubiertas para obtener un buen efecto protector.
El tejido rectal es también más frágil que el tejido que recubre la mayor parte de la vagina. Es más delgado y está poblado con células que son especialmente vulnerables a la infección por VIH.
Se está iniciando la investigacion de microbicidas rectales
La investigación en microbicidas por vía rectal es más sólida que nunca. A mediados de 2008 se completó en la UCLA el primer ensayo de seguridad de un microbicida rectal y otros dos ensayos de seguridad están en la fase de planificación. Adicionalmente, varios proyectos de investigación dedicados a tópicos relacionados con los microbicidas rectales están en proceso o se han completado recientemente.
Necesitamos microbicidas de uso rectal que sean seguros y eficaces. Ahora es el momento de promoverlos.
Pero hasta que tengamos un microbicida rectal efectivo, tenemos que insistir en que todos los microbicidas vaginales deben ser probados por seguridad en el recto aún si no están diseñados para ese uso. Y los productos diseñados exclusivamente para uso vaginal tienen que estar cuidadosamente etiquetados para alertar a las y los usuarios que no deben ser usado en el recto, hasta que sea probada su seguridad y efectividad para uso rectal.
IRMA (Activistas Internacionales por un Microbicida Rectal) demanda menos silencio y más ciencia; y hace un llamado para un aumento de al menos cinco veces en el financiamiento para la investigación en microbicidas por vía rectal para 2010, de los actuales US$7 millones de dólares por año a US$35 millones de dólares por año. Los gobiernos y fundaciones de Europa, Australia y los Estados Unidos deben aliarse en esta inversión crítica en estas tecnologías de prevención para las que hay una urgente necesidad.